Domingo de Resurrección

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DOMINGO DE PASCUA – A

Antífona de entrada                    Cf. Sal 138, 18.5-6

He resucitado, y estoy de nuevo contigo, aleluia.
Pusiste tu mano sobre mí, aleluia:
¡Qué admirable es tu sabiduría! Aleluia, aleluia.
 

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Detalle Cristo Resucitado “La Pasión de Cristo de Hans Memling”

Resurreccion

“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

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El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.

Nos dice San Pablo: “Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales”. No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos. Las pascuas cristianas -llenas de profundas simbologías- celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable. Además de que todos los evangelistas lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.

Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?

Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?, son preguntas que cabe preguntarse.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que , aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz -suma de todos los bienes mesiánicos-, en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto : “Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él” (Col. 3 1-4).

Viernes Santo de la Pasión del Señor

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Viernes santo cruz
Este día crucifican al creador del mundo
Lo coronan con espinas al Rey de los cielos
Lo suspenden del madero, esposo de la Iglesia
Hoy nosotros te adoramos, Cristo, nuestro Dios
 
Oh Señor ten piedad de nosotros, por tu cruz, sálvanos.
 
Ante Ti Señor Jesús, se postra el universo
Y que toda lengua cante que eres el Señor
Nuestro sufrimiento, acepta, para redimirlos
Tu nos lavas por tu sangre, borras nuestras culpas
 
Oh Señor ten piedad de nosotros, por tu cruz, sálvanos.
 
Tu que mueres en la cruz venciendo nuestra muerte
Y así borras la sentencia, que en nosotros pesa
Como con el buen ladrón, haz misericordia
Cuando llegues a tu reino, danos tu perdón.
 

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Detalle PASION “La Pasión de Cristo de Hans Memling”

04passi6Hans MEMLING

“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

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La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza.

Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de Juan contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo Amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado.

San Juan, teólogo y cronista de la pasión nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia. Todo es digno, solemne, simbólico en su narración: cada palabra, cada gesto. La densidad de su Evangelio se hace ahora más elocuente.

Y los títulos de Jesús componen una hermosa Cristología. Jesús es Rey. Lo dice el título de la cruz, y el patíbulo es trono desde donde el reina. Es sacerdote y templo a la vez, con la túnica inconsútil que los soldados echan a suertes. Es el nuevo Adán junto a la Madre, nueva Eva, Hijo de María y Esposo de la Iglesia. Es el sediento de Dios, el ejecutor del testamento de la Escritura. El Dador del Espíritu. Es el Cordero inmaculado e inmolado al que no le rompen los huesos. Es el Exaltado en la cruz que todo lo atrae a sí, por amor, cuando los hombres vuelven hacia él la mirada.

La Madre estaba allí, junto a la Cruz. No llegó de repente al Gólgota, desde que el discípulo amado la recordó en Caná, sin haber seguido paso a paso, con su corazón de Madre el camino de Jesús. Y ahora está allí como madre y discípula que ha seguido en todo la suerte de su Hijo, signo de contradicción como El, totalmente de su parte. Pero solemne y majestuosa como una Madre, la madre de todos, la nueva Eva, la madre de los hijos dispersos que ella reúne junto a la cruz de su Hijo. Maternidad del corazón, que se ensancha con la espada de dolor que la fecunda.

La palabra de su Hijo que alarga su maternidad hasta los confines infinitos de todos los hombres. Madre de los discípulos, de los hermanos de su Hijo. La maternidad de María tiene el mismo alcance de la redención de Jesús. María contempla y vive el misterio con la majestad de una Esposa, aunque con el inmenso dolor de una Madre. Juan la glorifica con el recuerdo de esa maternidad. Ultimo testamento de Jesús. Ultima dádiva. Seguridad de una presencia materna en nuestra vida, en la de todos. Porque María es fiel a la palabra: He ahí a tu hijo.

El soldado que traspasó el costado de Cristo de la parte del corazón, no se dio cuenta que cumplía una profecía y realizaba un último, estupendo gesto litúrgico. Del corazón de Cristo brota sangre y agua. La sangre de la redención, el agua de la salvación. La sangre es signo de aquel amor más grande, la vida entregada por nosotros, el agua es signo del Espíritu, la vida misma de Jesús que ahora, como en una nueva creación derrama sobre nosotros.

La celebración

Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.

Acción litúrgica en la muerte del Señor

1. La Entrada

La impresionante celebración litúrgica del Viernes empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo, el color de la sangre, del martirio, se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un espacio de silencio, dice la oración del dia.

2. Celebración de la Palabra

  • Primera Lectura
    Espectacular realismo en esta profecía hecha 800 años antes de Cristo, llamada por muchos el 5º Evangelio. Que nos mete en el alma sufriente de Cristo, durante toda su vida y ahora en la hora real de su muerte. Dispongámonos a vivirla con Él.
  • Salmo Responsorial
    En este Salmo, recitado por Jesús en la cruz, se entrecruzan la confianza, el dolor, la soledad y la súplica: con el Varón de dolores, hagamos nuestra esta oración.
  • Segunda lectura
    El Sacerdote es el que une a Dios con el hombre y a los hombres con Dios… Por eso Cristo es el perfecto Sacerdote: Dios y Hombre. El Único y Sumo y Eterno Sacerdote. Del cual el Sacerdocio: el Papa, los Obispos, los sacerdotes y los Diáconos, unidos a Él, son ministros, servidores, ayudantes…
  • Versículo antes del Evangelio (Flp 2, 8-9)
    Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”.
    Como siempre, la celebración de la Palabra, después de la homilía, se concluye con una ORACIÓN UNIVERSAL, que hoy tiene más sentido que nunca: precisamente porque contemplamos a Cristo entregado en la Cruz como Redentor de la humanidad, pedimos a Dios la salvación de todos, los creyentes y los no creyentes.

3. Adoración de la Cruz

Después de las palabras pasamos a una acción simbólica muy expresiva y propia de este dia: la veneración de la Santa Cruz es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad, cantando tres veces la aclamación:

Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. VENID AADORARLO”, y todos nos arrodillamos unos momentos cada vez; y entonces vamos, en procesión, a venerar la Cruz personalmente, con una genuflexión (o inclinación profunda) y un beso (o tocándola con la mano y santiguándonos); mientras cantamos las alabanzas a ese Cristo de la Cruz:
“Pueblo mío, ¿qué te he hecho…?” “Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza…” “Victoria, tú reinarás…”

4. La Comunión

Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, no sólo el sacerdote -como hasta entonces – sino también los fieles pueden comulgar con el Cuerpo de Cristo.

Aunque hoy no hay propiamente Eucaristía, pero comulgando del Pan consagrado en la celebración de ayer, Jueves Santo, expresamos nuestra participación en la muerte salvadora de Cristo, recibiendo su “Cuerpo entregado por nosotros”.

 

Jueves de la Cena del Señor

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Antífona de entrada     Cf. Gal 6, 14

Debemos gloriarnos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo:
en él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección;
por él hemos sido salvados y redimidos.

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SOPRANO: 


CONTRALTO:


TENOR:


BAJO: 


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Te adoramos Hostia Divina Descargar


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Detalle Ultima Cena “La Pasión de Cristo de Hans Memling”

Ultima cena

“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

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SAGRADO TRIDUO PASCUAL

1. La Iglesia celebra solemnemente los grandes misterios de nuestra redención en el sagrado Triduo pascual; en él se actualiza la pasión, muerte y resurrección del Señor con celebraciones especiales.
Celébrese el sagrado ayuno pascual en todas partes, el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y, si es posible, extiéndase al Sábado Santo para que, de este modo, se llegue al gozo del Domingo de Resurrección con elevación y ánimo generoso.
 


2. Para las diversas celebraciones que integran el sacro Triduo, se requiere un número conveniente de ministros y colaboradores laicos; éstos deben ser cuidadosamente instruidos sobre aquello que les compete.
Particular importancia tiene el canto del pueblo, de los ministros y del sacerdote celebrante, pues así lo reclama la índole solemne de estos días y, además, porque los textos adquieren toda su fuerza cuando son cantados.
Los pastores no dejen de explicar suficientemente a sus fieles el significado y la estructura de los ritos a fin de que puedan prepararse para una participación activa y fructuosa.
 


3. Las celebraciones del sagrado Triduo se llevan a cabo en las iglesias catedrales y parroquiales, y pueden también realizarse en otras iglesias en las que quede asegurada su celebración digna, con una participación significativa de fieles, ministros convenientemente preparados y con posibilidades de cantar, al menos, las partes más importantes. Si estas condiciones no pudieran darse, o el número de participantes no fuera suficiente, procúrese, en cuanto sea posible, que esos fieles se reúnan en alguna otra iglesia donde puedan participar adecuadamente de las celebraciones.

Vigilia pascual en la Noche Santa

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Resurrección del Señor

Queridos hermanos: En esta noche santa,
en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la Vida,
la Iglesia invita a sus hijos diseminados por toda la tierra
a que se reúnan y permanezcan en vela para orar.
Si hacemos memoria de la Pascua del Señor,
escuchando su Palabra y celebrando sus misterios,
esperamos compartir su triunfo sobre la muerte y vivir siempre con él en Dios.

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Liturgia de la Luz

Oh Luz gozosa Descargar


Pregón Pascual Solemne Descargar

Pregón Pascual Simple Descargar


Liturgia de la Palabra

Lecturas y Salmos responsoriales de Vigilia en formato PDF DESCARGAR

Salmos arreglos corales y antífonas antes del evangelio para toda la Semana Santa DESCARGAR

1ª – Génesis 1 – Salmo 103 Descargar


2ª – Génesis 22 – Salmo 15 Descargar


3º – Exodo 14 – Ex 15 ‘Canto de Moisés’ Descargar


4ª – Isaías 54 – Salmo 29 Descargar


5ª – Isaías 55 – Is 12 1 Descargar


6ª – Baruc 3 – Salmo 18 B Descargar


7ª – Ezequiel 36 – Salmo 41 Descargar


Carta a los Romanos 6 – ALELUIA CON Salmo 117 Descargar


Liturgia Bautismal

Rito de Aspersión    Gloria honor a Ti Descargar


Liturgia de la Eucaristía 

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SOPRANO: 


CONTRALTO:


TENOR:


BAJO: 


Aclamación a la Consagración      Este es el Misterio de la Fe Descargar


Ritos conclusivos

Saludo a la Santísima Virgen María         Regina Caeli Descargar


Alégrate María DESCARGAR


SOPRANO: 


CONTRALTO:


TENOR:


BAJO: 


“Según una antiquísima tradición, esta es noche de vigilia en honor del Señor (Ex 12,42). Los fieles, tal como lo recomienda el evangelio (Lc 12,35-36), deben parecerse a los criados, que con las lámparas encendidas en las manos, esperan el retorno de su señor, para que cuando llegue los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa” (Misal, pág. 275).

Detalle Resurrección “La Pasión de Cristo de Hans Memling”

Vigilia“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

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Esta Noche Pascual tiene, como toda celebración litúrgica, dos partes centrales:

- La Palabra: Solo que esta vez las lecturas son más numerosas (nueve, en vez de las dos o tres habituales).

- El Sacramento: Esta noche, después del camino cuaresmal y del catecumenado, se celebran, antes de la Eucaristía, los sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo y la Confirmación.

Así, los dos momentos centrales adquieren un relieve especial: se proclama en la Palabra la salvación que Dios ofrece a la humanidad, culminando con el anuncio de la resurrección del Señor.

Y luego se celebra sacramentalmente esa misma salvación, con los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. A todo ello también se le antepone un rito de entrada muy especial: se añade un rito lucernario que juega con el símbolo de la luz en medio de la noche, y el Pregón Pascual, lírico y solemne.

La Pascua del Señor, nuestra Pascua

Todos estos elementos especiales de la Vigilia quieren resaltar el contenido fundamental de la Noche: la Pascua del Señor, su Paso de la Muerte a la Vida.

La oración al comienzo de las lecturas del Nuevo Testamento, invoca a Dios, que “ilumina esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor”. En esta noche, con más razón que en ningún otro momento, la Iglesia alaba a Dios porque “Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (Prefacio I de Pascua).

Pero la Pascua de Cristo es también nuestra Pascua: “en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección resucitamos todos”(Prefacio II de Pascua).

La comunidad cristiana se siente integrada, “contemporánea del Paso de Cristo a través de la muerte a la vida”. Ella misma renace y se goza en “la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales” (oración sobre las ofrendas de la Vigilia): por el Bautismo se sumerge con Cristo en su Pascua, por la Confnmación recibe también ella el Espíritu de la vida, y en la Eucaristía participa del Cuerpo y la Sangre de Cristo, como memorial de su muerte y resurrección.

Los textos, oraciones, cantos: todo apunta a esta gozosa experiencia de la Iglesia unida a su Señor, centrada en los sacramentos pascuales. Esta es la mejor clave para la espiritualidad cristiana, que debe centrarse. más que en la contemplación de los dolores de Jesús (la espiritualidad del Viernes Santo es la más fácil de asimilar), en la comunión con el Resucitado de entre los muertos.
Cristo, resucitando, ha vencido a la muerte.

Este es en verdad “el día que hizo el Señor”. El fundamento de nuestra fe. La experiencia decisiva que la Iglesia, como Esposa unida al Esposo, recuerda y vive cada año, renovando su comunión con El, en la Palabra y en los Sacramentos de esta Noche.

Luz de Cristo

El fuego nuevo es asperjado en silencio, después, se toma parte del carbón bendecido y colocado en el incensario, se pone incienso y se inciensa el fuego tres veces. Mediante este rito sencillo reconoce la Iglesia la dignidad de la creación que el Señor rescata.

Pero la cera, a su vez, resulta ahora una criatura renovada. Se devolverá al cirio el sagrado papel de significar ante los ojos del mundo la gloria de Cristo resucitado. Por eso se graba en primer lugar la cruz en el cirio. La cruz de Cristo devuelve a cada cosa su sentido. Por ello el Canon Romano dice: “Por él (Cristo) sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros”.

Al grabar en la cruz las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso, el celebrante dice: “Cristo ayer y hoy, Principio y Fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo. Y la eternidad. A él la gloria y el poder. Por los siglos de los siglos. Amén”.

Así expresa con gestos y palabras toda la doctrina del imperio de Cristo sobre el cosmos, expuesta en San Pablo. Nada escapa de la redención del Señor, y todo, hombres, cosas y tiempo están bajo su potestad.

Se lo adorna con granos de incienso, según una tradición muy antigua, que han pasado a significar simbólicamente las cinco llagas de Cristo: “Por tus llagas santas y gloriosas nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor”.

Termina el celebrante encendiendo el fuego nuevo, diciendo: “La 1uz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”.

Tras el cirio encendido que representa a Cristo, columna de fuego y de luz que nos guía a través de las tinieblas y nos indica el camino a la tierra prometida, avanza el cortejo de los ministros. Se escucha cantar tres veces: “Luz de Cristo”mientras se encienden en el cirio recién bendecido todas las velas de la comunidad cristiana.

Hay que vivir estas cosas con alma de niño, sencilla pero vibrante, para estar en condiciones de entrar en la mentalidad de la Iglesia en este momento de júbilo. El mundo conoce demasiado bien las tinieblas que envuelven a su tierra en infortunio y congoja. Pero en esa hora, puede decirse que su desdicha ha atraído la misericordia y que el Señor quiere invadirlo todo con oleadas de su luz.

Los profetas habían prometido ya la luz: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”, escribe Isaías (Is 9, I; 42,7; 49,9). Pero la luz que amanecerá sobre la nueva Jerusalén (Is 60,1ss.) será el mismo Dios vivo, que iluminará a los suyos (Is 60, 19) y su Siervo será la luz de las naciones (Is 42,6; 49,6).

El catecúmeno que participa en esta celebración de la luz sabe por experiencia propia que desde su nacimiento pertenece a las tinieblas; pero sabe también que Dios “lo llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa” (1 Pe 2,9). Dentro de unos momentos, en la pila bautismal, “Cristo será su luz” (Ef 5, 14). Se va a convertir de tiniebla que es en “luz en el Señor” (Ef 5,8).

Pregón pascual o “exultet”

Este himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas.

Luego, entona la gran Acción de Gracias. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema. Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo.

La liturgia de la Palabra

Esta noche la comunidad cristiana se detiene más de lo ordinario en la proclamación de la Palabra. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan de Cristo e iluminan la Historia de la Salvación y el sentido de los sacramentos pascuales. Hay un diálogo entre Dios que habla a su Pueblo (las lecturas) y el Pueblo que responde (Salmos y oraciones).

Las lecturas de la Vigilia tienen una coherencia y un ritmo entre ellas. La mejor clave es la que dio el mismo Cristo: “todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse, y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó (a los discípulos de Emaús) lo que se refería a él en toda la Escritura” (L,c 24,27).

Lecturas del Antiguo Testamento

Primera lectura: Gn 1,1-31 ó 2,1-2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.

Segunda lectura: Gn 22,1-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Tercera lectura Ex 14-15,30 – Los israelitas cruzaron el mar Rojo.

Cuarta lectura: Is 54,5-14 – Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.

Quinta lectura: Is 55, 1-11 – Vengan a mí, y vivirán; sellaré con ustedes una alianza perpetua.

Sexta lectura: Bar 3,9-15.32-4,4 – Camina a la claridad del resplandor del Señor

Séptima lectura: Ez 36.16-28 – Derramaré sobre ustedes un agua pura, y les daré un corazón nuevo.

El Antiguo Testamento prepara la realidad del Nuevo Testamento: lo que se anunciaba y prometía, ahora se ha cumplido de verdad.

Es importante subrayar este paso al Nuevo Testamento: el Misal indica en este momento diversos signos, tales como el adorno del altar (luces, flores), el canto del Gloria y la aclamación del Aleluya antes del Evangelio. También se ilumina de manera más plena la iglesia ya que durante las lecturas del Antiguo Testamento estaba iluminada más discretamente.

Sobre todo es el Evangelio, tomado de uno de los tres sinópticos. según el Ciclo, el que hay que destacar: es el cumplimiento de todas las profecías y figuras, proclama la Resurrección del Señor.

Lecturas del Nuevo Testamento

Primera lectura: Rom 6,3-11 – Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Evangelio

CICLO A: Mt 28.1-10 - Ha resucitado y va por delante de ustedes a Galilea.

CICLO B: Mc 16, 1-8 – Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado.

CICLO C: Lc 24.1-12 – Por qué buscan entre los muertos al que está vivo.

La Liturgia bautismal

La noche de Pascua es el momento en el que tiene más sentido celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Después de un camino catecumenal (personal, si se trata de adultos y de la familia, para los niños, y siempre en lo que cabe, de la comunidad cristiana entera), el signo del agua -la inmersión, el baño- quiere ser la expresión sacramental de cómo una persona se incorpora a Cristo en su paso de la muerte a la vida.

Como dice el Misal, si se trata de adultos, esta noche tiene pleno sentido que además del Bautismo se celebre la Confirmación. para quedar ya integrados plenamente a la comunidad eucarística. El sacerdote que preside tiene esta noche la facultad de conferir también la Confirmación, para hacer visible la unidad de los sacramentos de iniciación.

La celebración consta de los siguientes elementos:

la letanía de los santos (si hay bautismo), según lo sugerido por el Misal;

la bendición del agua más que bendecir el agua se trata de bendecir a Dios por todo lo que en la Historia de la Salvación ha hecho por medio del agua (desde la creación y el paso del Mar Rojo hasta el bautismo de Jesús en el Jordán), pidiéndole que hoy también a través del sígno del agua actúe el Espíritu de vida sobre los bautizados;

el Bautismo y la Confirmación según sus propios rituales;

la renovación de las promesas bautismales, si no se ha celebrado el Bautismo, (ya lo habrán realizado entonces, junto con los padrinos y/o bautizandos). Se trata de que todos participen conscientemente tanto en la renuncia como en la profesión de fe;

el signo de aspersión, con un canto bautismal, como un recuerdo plástico del propio Bautismo. Este signo se puede repetir todos los domingos de la Cincuentena Pascual, al comienzo de la Eucaristía;

la Oración universal o de los fieles, que es el ejercicio, por parte de la comunidad, de su sacerdocio bautismal intercediendo ante Dios por toda la Hurnanidad.

La Eucaristía

La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo. Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre, como memorial de su Pascua.
Es el punto culminante de la celebración.

Misas durante el día

En el transcurso de la Noche Santa participamos en el misterio pascual por medio de la celebración de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. En la segunda misa de Pascua, damos gracias por la vida nueva, cuya fuente nos ha sido abierta por la Resurrección de Cristo.

Hoy es la fiesta de las fiestas y el día de Cristo el Señor por excelencia. Hoy, Jesús vencedor de la muerte y del pecado, se manifestó a los suyos; hoy se dio a conocer a sus dos discípulos en el camino de Emaús por medio de la fracción del pan: hoy confirió el Espíritu Santo a sus Apóstoles para la remisión de los pecados y los envió al mundo para ser sus testigos. Como consecuencia de todo esto, cantamos: “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”. (Salmo 117).

Misa del día

Primera lectura: Hech 10,34a.37-43 – Nosotros hemos comido y bebido con Él después de su resurrección.
Segunda Lectura: Col 3, 1-4 – Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
Evangelio: Jn 20 1-9 – Él tenía que resucitar de entre los muertos.

Misa vespertina

Esta comida con el Resucitado de los discípulos de Emaús en la tarde de Pascua debía iluminar en los siglos venideros, la celebración de la Eucaristía; es la irradiación de su alegría y la invitación a revivir la Pascua en cada Misa.
Evangelio: Lc 24, 13-35 – Lo reconocieron al partir el pan.

 

 

Misa Crismal

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Misa crismal 2012_0008Antífona de entrada Ap 1, 6

Jesucristo hizo de nosotros

un reino sacerdotal para Dios, su Padre.

A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

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La misa crismal tiene dos aspectos de gran utilidad pedagógica para nuestros cristianos. Por un lado, el obispo consagra el crisma y bendice los óleos para los distintos sacramentos, dentro de la Eucaristía. Esta constituye el centro para la celebración de cualquier sacramento.

Por otro lado, esta eucaristía es como una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo.

Esta misa crismal ha de ser única a causa de su significación en la vida de la diócesis y ha de celebrarse en la catedral.

Los cantos apropiados para esta misa son aquellos que cantan la comunión, la unidad, el ser pueblo sacerdotal, la pertenencia a la Iglesia, la vida sacramental de la Iglesia

En la Misa Crismal se consagra: el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos.

La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Jueves Santo por la mañana para ungir a los nuevos bautizados y signar a los confirmados. También son ungidos los Obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.

La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración, los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa “el ungido del Señor”.

Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el Apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.

Por lo general antes de comenzar la celebración de la Cena del Señor se reciben solemnemente estos Santo Óleos consagrados en la Misa Crismal celebrada en la mañana por el Obispo reunido con el presbiterio. En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente destinado dentro de la Iglesia.

 

Domingo de ramos en la Pasión del Señor. A

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Entrada del Señor en Jerusalén

Antífona Cf. Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
el Rey de Israel.
Hosanna en las alturas.

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Hosanna al Hijo de David DESCARGAR


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En este día la Iglesia conmemora la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para dar cumplimiento a su misterio pascual.

Entrada a Jerusalem

Detalle “Entrada a Jerusalem”

“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

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La Semana Santa es inaugurada por el Domingo de Ramos, en el que se celebran las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos (la de Juan se lee el viernes).

Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén con una procesión la entrada de Jesús en la Ciudad Santa, poco antes de ser crucificado. Debido a las dos caras que tiene este día, se denomina “Domingo de Ramos” (cara victoriosa) o “Domingo de Pasión” (cara dolorosa). Por esta razón, el Domingo de Ramos comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía. Lo que importa en la primera parte no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. A ser posible, debe comenzar el acto en otro sitio, para dar lugar al simbolismo de la entrada en Jerusalén, representada por el templo principal. El rito comienza con la bendición de los ramos, que deben ser lo bastante grandes como para que el acto resulte vistoso y el pueblo pueda percibirlo sin dificultad.

Después de la aspersión de los ramos se proclama el evangelio, es decir, se lee lo que a continuación se va a realizar. Por ser creyentes, por estar convertidos y por haber sido iniciados sacramentalmente a la vida cristiana, pertenecemos de tal modo al Señor que, al celebrar litúrgicamente su entrada en Jerusalén, nos asociamos a su seguimiento. La Semana Santa empieza y acaba con la entrada triunfal de los redimidos en la Jerusalén celestial, recinto iluminado por la antorcha del Cordero.

A la procesión sigue inmediatamente la eucaristía. Del aspecto glorioso de los Ramos pasamos al doloroso de la Pasión. Esta transición no se deduce sólo del modo histórico en que transcurrieron los hechos, sino porque el triunfo de Jesús en el Domingo de Ramos es signo de su triunfo definitivo. Los ramos nos muestran que Jesús va a sufrir, pero como vencedor; va a morir, mas para resucitar. En resumen, el domingo de Ramos es inauguración de la Pascua, o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

Domingo 1 de Cuaresma – A

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I Domingo de Cuaresma – A

Antífona de entrada         Cf. Sal 90, 15-16

Me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida.

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Las tentaciones de Cristo es un fresco ( 345,5 x 555 cm. ) del pintor renacentista italiano Sandro Botticelli, ejecutado en 1480–1482 y en la Capilla Sixtina, Roma.

El 27 de octubre de 1480 Botticelli, junto con otros pintores florentinos, Domenico Ghirlandaio y Cosimo Rosselli, fue a Roma, donde había sido llamado como parte del proyecto de reconciliación entre Lorenzo de’ Medici, el gobernante de facto de Florencia y el Papa Sixtus IV. Los florentinos comenzaron a trabajar en la Capilla Sixtina en la primavera de 1481, junto con Pietro Perugino, que ya estaba allí.

El tema de la decoración fue un paralelismo entre las historias de Moisés y de Cristo, como un signo de continuidad entre el antiguo y el Nuevo Testamento. Una continuidad entre la ley divina de las tablas y el mensaje de Jesús, quien, a su vez, eligió a Pedro ( el primer obispo de Roma ) como su sucesor: Finalmente, esto resultaría en una legitimación de los sucesores de éste, los papas de Roma.

Botticelli, ayudado por numerosos asistentes, pintó tres escenas. El 17 de febrero de 1482 fue renovado su contrato, incluyendo las otras escenas para completar la decoración de la capilla. Sin embargo, el 20 de febrero, murió su padre y regresó a Florencia, donde permaneció.

La escena de las tentaciones de Cristo representa a tres episodios de los Evangelios, en paralelo con la escena en la pared opuesta, también por Botticelli, mostrando la pruebas de Moisés. La pintura tiene un friso con la inscripción (similar al fresco) diciendo TEMPTATIO IESU CHRISTI LATORIS EVANGELICAE LEGIS (“las tentaciones de Cristo, que trae la ley Evangélica”).

Cristo aparece en la esquina superior izquierda, con el diablo disfrazado como un ermitaño, que le invita a convertir piedras en pan. En el centro, Botticelli pintó Cristo y el diablo sobre a la parte superior del frontón del templo, inspirado en el Hospital de Santo Spirito en Sassia en Roma: el diablo desafía a Jesús para saltar hacia abajo, prometiéndole que los Ángeles le salvarán. A la derecha, Cristo hace al diablo caer de una roca.

Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para  caer en la tentación. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. Se acercó el diablo disfrazado y dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

A lo cual Él respondió: Escrito está: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso sobre el pináculo del Templo y le dijo: Si tú eres Hijo de Dios, arrojate,
pues escrito está: “ Mandará  sus ángeles ”, y “ En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.”

Jesús le contestó: Escrito está también: “No tentarás al Señor tu Dios.”

El diablo lo llevo a lo alto de un monte y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto será tuyo, si postrado me adoras. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás.”

El diablo entonces cayó al abismo, y vinieron ángeles y lo sirvieron.

detalle medio izquierda

detalle bajo izquierda

detalle bajo derecha ( clicar para ver a mayor tamaño )

En el centro al fondo, muestra un rito de sacrificio, que ha sido identificado como el realizado por el hombre leproso que había sido sanado por Jesús. En primer término el sumo sacerdote simboliza a Moisés, que transmite la ley, y el joven simboliza a Cristo, quien, según el Evangelio, también fue sacrificado para salvar a la humanidad.

detalle paisaje izquierda

detalle paisaje derecha

Cuaresma – Miércoles de Ceniza – A

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MIÉRCOLES DE CENIZA – A

Antífona de entrada         Cf. Sb 11, 23.24.26

Señor, tú eres misericordioso con todos y no aborreces nada de lo que has hecho, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

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Pasion de Turin - Hans Memling 451

pasión turín plano

pasion turin referencias

“ La Pasión de Cristo de Hans Memling (conservada en la Galería Sabauda de Turín), en la que podemos observar una representación de la ciudad de Jerusalén, con los distintos momentos de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, ambientados en varios lugares: el fiel puede, de esta manera, recorrer el cuadro, meditando y contemplando la pasión del Señor.”

(Rodolfo Papa, historiador de arte)

CUARESMA: TIEMPO DE ORACIÓN, LIMOSNA Y AYUNO

La práctica de la oración, la limosna y el ayuno nos ayuda a:

  • -­‐‑  Agradecer los bienes recibidos: espirituales, materiales y corporales;
  • -­‐‑  Fortalecer las virtudes teologales: fe, caridad y amor;
  • -­‐‑  Ejercitar las virtudes humanas de humildad, magnanimidad y castidad;
  • -­‐‑  Reconciliarnos con Dios, el prójimo y con uno mismo;
  • -­‐‑  Rechazar las tentaciones del poder, el tener y el querer;
  • -­‐‑  Dominar la raíz del pecado: la concupiscencia del espíritu, los ojos y la carne;
  • -­‐‑  Satisfacer el daño cometido por los pecados de: soberbia e ira, egoísmo y avaricia, y de lujuria, gula y pereza.

Domingo 8 durante el año – A

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24625_sermon_on_the_mount_by_fra_angelicoVIII DOMINGO

Antífona de entrada     Cf. Sal 17, 19-20
El Señor fue mi apoyo: me sacó a un lugar espacioso,
me libró, porque me ama.

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Pueblo de Dios Peregrino


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IV Domingo de Adviento – A

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El sueño de San José - GoyaAntífona de entrada     Cf. Is 45, 8
Envíen los cielos el rocío de lo alto, y las nubes derramen la justicia.
Ábrase la tierra y brote el Salvador.

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Veni, veni, Emmanuel

Zoltan Kodaly (1882-1967)(L’Accorche-Choeur, Ensemble vocal Fribourg)


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Este Himno es la síntesis de las grandiosas “Antífonas Oh”, utilizadas en las Vísperas durante la preoctava de Navidad (17 al 23 de Diciembre). Estas antífonas, de origen ancestral, datan de antes del siglo noveno. El Himno mismo, sin embargo, es más reciente. Apareció por primera vez en el siglo XVIII en el Psalteriolum Cantionum Catholicarum (Colonia, 1710).

Existen diversas versiones de este himno. Normalmente aparecen los siete versos en el orden en el cual las antífonas aparecen durante la preoctava, con excepción del primer verso (Veni, veni, Emmanuel…), que en realidad es la última de las “Antífonas Oh” y debería ir al final sino fuera el verso más conocido de este himno y el que le da el nombre.

Es interesante notar que las palabras iniciales de las “Antífonas Oh” puestas en reverso forman un acróstico: ERO CRAS (O Emmanuel, O Rex, O Oriens, O Clavis, O Radix ‐ʺvirgulaʺ en el himno‐, O Adonai, O Sapientia), que puede ser traducido como “estaré mañana”. Este es el mensaje final y oculto de las Antífonas Oh, puesto que el nacimiento de Cristo es el día siguiente al canto de la última antífona.

DÍAS DE ADMIRACIÓN – LAS ANTÍFONAS “OH”

Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a decir o a escuchar lo que de suyo es tan admirable y conmovedor como esto: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros». Pero la Liturgia nos muestra esta realidad tan sublime como inefable y nos impele a expresar una admiración contemplativa ante el Misterio de la Navidad.

A partir del día 17 de Diciembre, comenzamos a vivir un tiempo intenso de expectación. En la oración vespertina de la Liturgia de las Horas, llamada «vísperas», a partir del día 17 y hasta el día 23, van desfilando las antífonas llamadas de la «¡oh!». Todas se ajustan al mismo patrón: una invocación –que es un atributo o nombre al Dios cuya venida espera ardientemente la Iglesia–; la invocación va seguida de una descripción del título; y culmina en una petición.

Es en España donde comienza a celebrarse con asiduidad y fervor a partir del siglo VII la “Fiesta de la Expectación del Parto de María” o “Nuestra Señora de la O”, en clara alusión a las antífonas de esta octava previa a la Navidad. En diciembre del año 656, durante la celebración del X Concilio de Toledo, los obispos recalcaron la importancia de recordar a María como protagonista imprescindible en el misterio de la Encarnación del Señor. Esta Fiesta sería luego solemnizada como “María, Madre de Dios”, y trasladada al 1o de Enero. Es por tanto este tiempo profundamente Mariano, de fuerte expectación y admiración contemplativa.

Las invocaciones acuñan doce atributos o nombres divinos. El movimiento se remonta al arcano misterio del Padre («Oh Sabiduría») y finaliza en esta tierra nuestra, dando a Jesús el nombre de «Emmanuel», el “Dios‐con‐nosotros”. Con las invocaciones desciende la Sabiduría divina a nuestra tierra de carne y sangre.

El día 23 de diciembre, la Nochebuena ya inminente, pedimos con una frase condensada que venga a salvarnos: «Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro». Es esa la gran aspiración del ser humano que se mueve por la tierra y no deja de mirar al cielo. Con esta postrera súplica, la Iglesia nos sitúa ya ante el gran misterio de la navidad: el misterio del «Señor Dios nuestro».

17 Diciembre: Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!

18 Diciembre: Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

19 Diciembre: Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!

20 Diciembre: Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

21 Diciembre: Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

22 Diciembre: Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

23 Diciembre: Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

Fuente © Coro San Clemente – Permitida su copia y distribución con mención http://www.corosanclemente.com.ar

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